“Ficciones y Reconstrucciones” es una obra que en su primera forma se divide en dos lenguajes, la
primera corresponde al desplazamiento desde la fotografía a la litografía, en
donde el artista transforma imágenes fotográficas correspondientes a la primera
generación de la familia Lizana-Espinoza en una imagen cualquiera,
reconstruyendo las historias para conformar en secuencias múltiples
posibilidades en torno a su desarrollo.
El poder de la fotografía como
imagen hace que el espectador transforme en realidades verídicas esos momentos
que fueron simulados para ser fotografiados, nos afirma que determinadas
cosas ocurrieron y así se ha aceptado su representación como realidad misma,
pero paradójicamente estas apreciaciones establecen significados limitados,
quizás por su mismo atributo técnico de exactitud, que no permite que el
espectador vaya más allá de lo que pudiese estar viendo como contexto, surge a
partir de esto la necesidad de desplazarlas a litografías, técnica de
grabado que por su proceso manual produce un dialogo constante con la autora,
tomar como inicio las matrices para construir nuevas historias produce un
acercamiento aun mas estrecho con el mensaje, la acción de borrar para
volver a depositar en ellas nuevas imágenes, conjugado con la experimentación y
el azar producen el comienzo de la reconstrucción, una imagen cualquiera
tiene mas posibilidades de ser cuestionada, sin estar sujeta a parámetros
desde su estética o su valor culturar transmitido, no esta situada dentro de un
tiempo y desde este punto la estructura de observación cambia.
La realidad muta
constantemente, lo que fue deja de ser real ya que es construido de acuerdo a
nuestros recuerdos y estos nunca son verdaderos ya que están cubiertos de
emociones personales sobre los hechos vividos, son grabados y retocados,
nuestra memoria se relaciona como una base de datos en la cual vamos archivando
todo tipo de imágenes y sensaciones las que ocupamos y seleccionamos en
momentos determinados.
Es necesario constatar que
nuestro lenguaje y con él nuestros procesos intelectuales, son del todo
insuficientes, ya que todo lenguaje se apoya en la concepción de realidad de
quienes lo utilizan, determinan y perpetúan. Las experiencias son codificadas
según nuestras emociones y administradas por nuestra conciencia perdiendo de
esta forma la originalidad del instante.
El segundo
lenguaje corresponde al de instalación performática, haciendo uso del instante
y del espacio mismo, las imágenes litográficas son exhibidas en forma de
vitrinas dentro de cajas que conforman un panel las que contienen iluminación y
sonido, grabación del año nuevo 1987 de la familia Lizana –Espinoza. La obra
bidimensional se transforma en tridimensional cambiando las apreciaciones de
espacio y tiempo al momento de exponer por medio también de dispositivos
los que permiten encender y apagar las luces y los sonidos interviniendo la
autora directamente sobre la obra en el instante de vivenciarla.
La performance rompe con el
imperio de la obra de arte como objeto, no permitiendo la separación del
artista con su obra, pasando a ser sujeto y objeto de esta, reuniendo al
artista, obra y audiencia en un mismo momento, introduciendo definitivamente la
efimeridad y la “realidad presente” en la obra de arte. Se produce
una analogía viva entre nuestra memoria y el acontecimiento del instante
presente, creando una experiencia integral unitaria e instantánea, en donde la
experiencia trasciende los sentidos y en donde el arte integral se hace
manifiesto a través de la performance, de los sonidos, la iluminación, la
plástica y la instalación
" El
recuerdo no es algo fijo, las imágenes no están detenidas como nubes
fosilizadas; la memoria cambia cada día y como loro fiel nos obedece, podemos
empobrecerla o llenarla de colores"
A.Jodorowsky